A LA MEMORIA DE GERARDO VALENCIA CANO
OBISPO, MISIONERO DE YARUMAL
40 AÑOS DE GLORIA ENTRE LOS POBRES
TRES FACETAS DE SU VIDA
Propedéutica de Dios
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| Mons. Gerardo Valencia Cano |
“Gerardo Valencia Cano, en testimonio de José Manuel Román, uno de sus más hondos conocedores, es algo más serio de lo que interesadamente se ha pensado de él. A su estilo, con sus virtudes y sus defectos, es indudablemente un hombre para la historia” (Monseñor Valencia 366). Y todo lo que antecedió a los que el padre José Manuel Román conoció de Valencia Cano, es una evidente propedéutica de Dios para el cumplimiento de la misión que se le había encomendado, así haya sido dura como el martirio y cruel como la muerte en la Cruz del Hijo de Dios.
Propedéutica de Dios fue el hogar de Doña María y Don Juan de Dios, la penuria extrema de su hogar en Santo Domingo, la ciudad de las tres efes, su formación el Yarumal bajo la férula de Muñoz Duque, el Cardenal, sus años de formador cuando enseñaba Historia Patria, es estadía en Bogotá como estudiante de la Javeriana, donde perdió el año según su propio testimonio, sus años de Prefecto de disciplina, en los que se mostró riguroso y duro como el pedernal, y donde se acendró su ascética y su mística, su modestia y su piedad profundas, sus años de Prefecto Apostólico en el Vaupés de entonces, “tierra brava de la selva y el raudal” y propedéutica de Dios fueron sus primeros años como Obispo de Buenaventura en la costa del Pacífico Colombiano. El no sabía. Nadie lo sabía, pero como Abraham, como a Moisés y como a todos los escogidos del Antiguo Testamento, Dios lo estaba adoctrinando en divina propedéutica, para la misión ruda que tenía que cumplir. Desde el vientre de su madre lo había escogido Dios, “Ecce constitui te hodie súper gentes et súper regna, ut evellas et destruas et disertas, et aedifices et plantes. He aquí que te he constituido hoy sobre gentes y sobre reinos para que borres y destruyas, para que disperses y disipes, para que plantes y edifiques” (Jer. 1,10)
Al principio cuando afronta la defensa del negro del Pacífico, la redención del chocoano, parecía, como suele decirse, haciendo pinitos en relación con lo que sería después… Estaba en camino para llegar a ser lo que en la realidad llegó a ser: Además del púlpito de la catedral de San Buenaventura, tuvo primero la radio local, desde donde se hicieron famoso sus “buenos días” y mas famosas sus “buenas noches”; todo allí era clamar por la liberación de los marginados. Se iba perfilando el hombre de la liberación de los oprimidos.
La Misma Espiritualidad de Builes
La espiritualidad de Valencia Cano es la misma espiritualidad e Builes y por ende la misma espiritualidad del Instituto de Misiones de Yarumal al cual perteneció. Como lo hemos dicho hablando de Monseñor Builes, su espiritualidad fue la apostólica que es lo mismo que la misionera. Valencia era un hombre contemplativo, de oración continua. Valencia era un hombre de acción continua, de acción heroica, de acción profética. La primera es la vida contemplativa, la segunda es la vida activa. Pero Valencia perteneció al tercer estilo de vida, porque él contemplaba y luego en su acción daba a los demás lo contemplado, estilo de vida que es llamado vida apostólica o Misionera. Del Imey tenemos que decir lo mismo, tiene que ser de vida apostólica (misionera). Su acción se debe derivar de su contemplación para que sea fiel al espíritu del fundador y fiel al carisma recibido. Lo que es muy de recordar es, que la Espiritualidad Misionera de Builes se cristalizó en su celo ardiente por la salvación de las almas. Igualmente la espiritualidad de valencia se cristalizó en el celo. Pero mientras en Builes el celo revienta en el deseo de “salvar almas”, en una teología espiritualista y escatológica, en Valencia se cristalizó en la liberación total y a todos los niveles, e una teología más antropológica, en una construcción del Reino que tiene comienzo en esta vida y no exclusivamente en el futuro.
La liberación por la que clama nuestro Hermano Mayor, no fue específica, sino, como la defenderá más tarde Leonardo Boff, una liberación universal, general, integral. La liberación entendida por Valencia era liberación a todos los niveles.
- Liberación de los negros y los indios:
“El Indio de América y el negro más auténtico, tienen en su alma y en su historia, la clave verdadera de las reformas sociales; lo han tomado del casto contacto con la naturaleza lejos de lo artificial que ha provocado en el hombre su tentación de ser Dios” (Monseñor Valencia, 76).
“El equilibrio de la humanidad no se conseguirá mientras la mujer no se haga sentir al nivel del hombre (liberación) y es quizá necesario, aún más, el que alguna mujer demuestre con su valor y con su amor universal, que también el sexo femenino tiene capacidad para una grandeza más alta que la de los varones” (Monseñor Valencia, 109-110) y más adelante en el mismo escrito: “Cuán culpables somos los hombres, de estorbar en la mujer su capacidad de grandeza” (Monseñor Valencia, 110).
- Liberación de América Latina:
“Mientras nuestro continente no descubra en sí mismo la clave de su liberación seguirá inmolando hijos a los ídolos de Persia y de Egipto en un imbécil suicidio. Cristo, nacido de una madre en un pueblo sin tierra, es un hombre sin padre porque es símbolo y causa de la verdadera liberación del mundo” (Monseñor Valencia, 75).
- Liberación de la teología:
Valencia no encuentra apoyo en la jerarquía, y le decepciona un poso el mismo CELAM, “pero encuentra paradójicamente un eco insospechado en ciertos grupos de seglares colombianos en un buen número de misioneros jóvenes de diferentes países. Había encontrado incluso algo muy importante: sintonizar perfectamente con un grupo de obispos latinoamericanos; y logra sobre todo el que por vez primera, gracias a su convocatoria, un grupo muy calificado de teólogos y pastoralistas de todo el Continente inicien y prosigan una reflexión profunda del problema” (José Manuel Román, Monseñor Valencia, 360). Con una teología escolástica y enteramente vaciada en categorías griegas, no vamos a llegar al indígena ni al negro, ni en general al hombre latinoamericano. En aquel grupo de teólogos – es nuestro pensamiento – se inicia, primero una liberación de la teología y a raíz de esto una Teología de la Liberación. No atribuir a Valencia Cano, la paternidad de la Teología de la Liberación.
- Liberación de la Liturgia:
Y detrás de esto tiene que venirse una liberación de la liturgia, que en términos del CELAM Medellín, es adaptación. La liturgia debe celebrar la fe des la situación de pobreza y opresión de América Latina. Pero leamos lo de Melgar. “Seguimos insistiendo en que las Misiones no admiten en América Latina los mismos planteamientos de otros continentes… Nos falta la tipología de las Misiones en América Latina que tomando en consideración sus características esenciales, peculiares, nos facilite esclarecer su qué y su para qué y en consecuencia el cómo de su actividad integrada en una pastoral de conjunto a nivel nacional y continental” (Discurso inaugural, Encuentro de Melgar, Monseñor Valencia, 361).
- Liberación de la Iglesia:
No de otro modo ha de entenderse aquella patética denuncia en Iquitos. Repitámosla: “ La orden de enseñar… nos ha hecho olvidar el verdadero sentido de nuestra acción: Hacernos todo para todos: En cambio nos hemos sentido maestros y nos hemos fabricado una serie de estructuras que van desde la santa regla hasta la palabra infalible”, (Discurso inaugural, Iquitos, Monseñor Valencia, 251-252). Lo que sin duda, se insinúa es que las misiones y en general la Iglesia debe liberarse de muchas cosas que ya son obsoletas. Es la sapientísima sentencia de Ortega y Gasset, “El río abra su curso y el curso esclaviza al río”. Y en nuestro caso es, la Iglesia se fabrica leyes y las leyes esclavizan a la Iglesia.
Liberación de los espíritus:
También es este sentido buscó Valencia la liberación, y en realidad que la obtuvo, y no solamente por su alto grado de oración, de contemplación que realmente libera los espíritus, sino porque abierta y directamente “denunció el ahogo del espíritu y actuó sin prejuicios. Fue un hombre libre porque logró poco a poco un espíritu liberado”. (José Manuel Román, Monseñor Valencia, 352). Fue cuando llegó a este punto en su personal liberación espiritual, cuando a la hora del tinto en la mañana, por primera vez apareció sin la sotana, con toda la simplicidad del mundo. Porque todas las demás ínfulas de mucho tiempo atrás, habían sido dejadas. Se movilizaba por Buenaventura en bus, no llevaba ni anillo ni pectoral y siempre iba con los bolsillos vacíos. “Dejarlo todo para llegar al todo”, en frase de San Juan de la Cruz. Es la perfecta liberación del espíritu.
“Olvido de lo criado, (se ve en su pobreza)
Memoria del Criador: (con Dios a la madrugada)
Atención a lo interior: (se ve en sus ansias de virtud)
Y estarse amando al Amado” (Suma de Perfección).
(Momentos de contemplación).
Todas las cosas vistas atrás y las reuniones con teólogos a las que hemos aludido, son las que dan pie para creer, como cosa cierta, que Valencia Cano, si fue el padre de la Teología de la Liberación. Y mucho más, fue o es, el padre la espiritualidad de la liberación y esto nos reafirma en que le espiritualidad de nuestro Profeta, si puede y debe reconocerse como la Espiritualidad de la Liberación. Claro que esta teología de la liberación a lo Valencia Cano, no incluye violencia, ni lucha de clases, los que la siguieron con ateismo y postulados del marxismo leninismo, se equivocaron. La teología de la liberación de Valencia Cano: en la tesis tiene la fe, la oración y la contemplación, la reflexión del Evangelio de Jesús. En la antitesis tiene el trabajo con el pueblo, tan arduo que puede llamarse revolución. Y en la síntesis tiene un socialismo cristiano paralelo al de los cristianos de la Iglesia primitiva cuando “todo lo tenían en común” (Hch. 2,4).
Pero, con todo lo visto, es la espiritualidad de Valencia Cano. El “Obispo Rojo de Colombia”, una espiritualidad ortodoxa, canonizable?. Y a fe que lo es y yo diría, más que por su alta oración y más que por su piedad, humildad y entrega y más que por todas las cosas buenas que hizo, por su denuncia heroica que lo ponen en el renglón de los profetas, y porque fue el apóstol de la liberación integral, apóstol de la liberación a todos los niveles. Porque el santo no es el que hace cosas raras, ni es el milagrero, al que se le encienden velas y veladoras, sino alguien que puede ser presentado a la vista de toda la humanidad como paradigma de imitación a Jesucristo, el “Enviado a dar buenas nuevas a los pobre,… a sanar los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos” (Lc. 4,18).
(Tomado de la introducción del libro “El obispo de los pobres” de Gerardo Jaramillo González)
- A la memoria de Gerardo Valencia Cano
- Carta de Gonzalo Arango a Mons. Valencia Cano
- Mon. Valencia Cano - Datos biográficos
- Recordando al Hermano Mayor |