ENTREVISTA CON EL PADRE ALVARO GONZALEZ CARASQUILLA

1.       CÒMO FUE TU PROCESO DE ASOCIACIÓN CON LOS MISIONEROS DE YARUMAL?
 Desde mis tiempos de seminario comencé a pensar en la idea de dedicar, al menos parte de mi vida al servicio de “las misiones”. Desde la época de mis estudios de filosofía el padre rector, quien es actualmente el obispo de Buga, monseñor Hernán Giraldo, nos decía con frecuencia que sería muy interesante si en algún momento de nuestra vida como sacerdotes pudiésemos servir a una iglesia necesitada, pobre en agentes de pastoral.  Esto quedó  ahí en mi espíritu hasta que pude cristalizar la idea con ustedes. A mis dos años de haber sido ordenado sacerdote, monseñor Rubiano, mi obispo en Cali, me envió a trabajar como misionero a San Vicente del Caguan, donde estuve más de un año. Fue esta una época dura por los problemas de orden publico. Esta experiencia marcò mi vida y pude cultivar entonces mi deseo de prestar un servicio misionero especifico en un lugar del mundo, lejos de mi patria. A mi regreso de unos estudios que hice en Roma asistí a unos retiros espirituales orientados por el padre Gustavo Vélez al clero de Cali. Ese año el papa Juan Pablo II había publicado  la encíclica REDEMPTORIS MISSIO. Reflexionamos sobre el llamado del papa a los sacerdotes diocesanos a ofrecerse al servicio de las misiones. El padre Vélez nos hablò del programa de Sacerdotes Asociados de los Misioneros de Yarumal y fue cuando considerè seriamente la posibilidad de asociarme. Hablé con mi obispo. Monseñor Rubiano me dio su aprobación, sin embargo, no fue posible aquel año debido a la muerte de varios sacerdotes del clero local y por la salida de otros compañeros. La inquietud y el deseo permanecieron en mi. Posteriormente le manifesté mi deseo a monseñor Duarte Cansino, quien no me concedió el permiso, pues según su opinión la misión del sacerdote diocesano es estar al servicio de la iglesia local a la que esta incardinado. Como miembro de la comunidad de los Sacerdotes del Prado tuve la oportunidad de participar en un encuentro en la ciudad de Lyon, Francia. Allí me encontré con el padre Nicolás Atehortùa, sacerdote de la Arquidiócesis de Medellín, quien en esa época estaba prestando sus servicios misioneros como Asociado a los Misioneros de Yarumal en Etiopía.  El padre Nicolás reavivò mi espíritu misionero. Al regresar de Lyon me fui pronto a hablar con mi obispo quien me dio su apoyo y me permitió hacer el compromiso de Asociación con el IMEY al año siguiente. Partí para África en septiembre del año 2004. Fui enviado primero a Kenya para el aprendizaje del ingles, viviendo con el grupo de seminaristas en el barrio Kibera. Partí para Etiopía el mismo día de la muerte del papa Juan Pablo II donde estuve hasta junio de este año.
2.      QUIÈNES FUERON TUS COMAÑEROS EN ETIOPÍA DURANTE ESTOS CINCO AÑOS?
Mis compañeros MXY fueron los padres Tulio Eloy Ramírez y Melquicedec Sánchez, el hermanó Alberto y la laica Asociada Jean Juma, misionera Kenyana. También conocí al padre Carlos Sepúlveda, aunque poco tiempo. Fueron también mis compañeros otros padres asociados: El padre Bernardo Salcedo, de la diócesis de Buga, el padre Rafael Betancur de la diócesis de Armenia y el padre Santiago Londoño, de la diócesis de Buga. El trabajo pastoral en equipo y la vida comunitaria fueron un gran  reto para mí y al mismo tiempo tabla de salvación en los momentos difíciles. Me costó acostumbrarme a la vida comunitaria, pues como sacerdote diocesano la verdad es que no estamos preparados para este estilo de vida y de trabajo. En un Instituto Misionero la vida fraterna es muy importante y en un lugar como Itang, donde no hay posibilidad de escapatoria, muchísimo màs. Es por esto que son normales los momentos de tensión y a veces de confrontación. Para mi lo más satisfactorio fue haber logrado una relación comunitaria muy madura con Tulio y los demàs compañeros, el haber sido capaces de dialogar como equipo sobre las dificultades que se iban presentando, el haber podido planear, orar, trabajar y comer juntos, en circunstancias difíciles o, por lo menos, muy diferentes a las normales: Estar lejos de la patria, en otra cultura, otra lengua, otro clima y ambiente geográfico, lejos de las personas más cercanas a nuestros afectos, etc. Siento que todo esto fue un maravilloso aprendizaje para mí. Para nosotros los días más esperados de la semana eran viernes y domingo. El domingo, pues era el día de la gran celebración con la comunidad local, el día del Señor. A nivel del equipo, todos los viernes nos reuníamos para una oración comunitaria más consciente y prolongada, tiempo de estudio y reflexión común, estudiábamos los documentos del Instituto y preparábamos las conclusiones para enviar a Medellín. Era el día de la evaluación y planeación de la pastoral.    
3.      CUÀL FUE EL ENFOQUE CENTRAL DE LA PASTORAL Y ACTIVIDAD MISIONERA QUE PUDISTE REALIZAR EN ETIOPÌA?
 Lo primero es tener presente que no es el mismo ritmo de locura y acelere que vivimos en Colombia. En la misión es otra cosa muy distinta. El mayor aporte para mí de estos años es el haber aprendido que uno no va a la misión a hacer cosas, sino a estar, a permanecer, a vivir en testimonio cristiano, inserto en comunidades pobres. Un aporte especifico fue el seguimiento a los catecúmenos. Otro apostolado importante fue el acompañamiento a los jóvenes estudiantes de la residencia o centro estudiantil, alrededor de unos 100 jóvenes venidos de diversas regiones a adelantar sus estudios secundarios. Un aspecto muy importante de nuestra presencia misionera es también la celebración de la liturgia dominical. Para el africano las celebraciones litúrgicas son muy importantes. Siempre tienen celebraciones alegres, expresivas y llenas de cantos, con tambores y danzas. Todo el mundo ora, habla, participa  También teníamos grupos con quienes compartíamos semanalmente la Palabra de Dios.
En el campo de la promoción humana tenemos 3 proyectos: Uno, un programa para proveer agua potable a la población, que es una verdadera bendición de Dios para ellos, teniendo presente la escasez de agua en la zona y las temperaturas tan altas, con frecuencia hasta los 50ª centígrados. Otro programa es el apoyo a los más ancianos de la población a quienes se les provee de maíz y de lentejas, que es la comida local. A su vez, los ancianos hacen el mantenimiento de los lugares aledaños a la casa. El tercer proyecto es la residencia estudiantil a quienes se les ofrece alimentación, dormida, desplazamiento a los planteles educativos, deporte, cursos, etc.
4.      CÒMO FUE TU EXPERIENCIA DE FE DURANTE ESTOS AÑOS QUE VIVISTE EN ETIOPÍA?
La parábola de la vid y los sarmientos me ha servido mucho en mi crecimiento en la fe: “Sin mi ustedes no pueden hacer nada”. He  llegado a comprender y asumir con mayor claridad que si no tengo una relación personal con el Señor no es posible asumir un compromiso serio en la vida misionera. Este tiempo ha sido para mi una gran oportunidad para ahondar en mis motivaciones vocacionales, en el porqué yo soy misionero y sacerdote. En la medida en que esto esté claro la alegría interior siempre estará ahí en el corazón. Así lo he experimentado yo. Al regresar del África siento que lo que menos me interesa es el afanarme en el “hacer”. Lo que más me da temor al regresar a mi diócesis es volver al ritmo alocado en el que viven la mayoría de los sacerdotes entre nosotros: “haga, diga, vaya, celebre, venga, hable con fulano/a, solucióneme este problema.” Creo que ese activismo desbordado no es sano. Lo que más me interesa ahora es tener una vida sobria, con más tiempo para la reflexión y la oración. Tres cosas tengo claras: 1. No me quiero endeudar. En África aprendí a vivir con lo mínimo, lo necesario para vivir. 2. No quiero entrar en el activismo. 3. Buscar una relación seria con el Señor; que solo Èl controle mi vida, no que otros me manejen.            
5.      TU MENSAJE PARA LOS MISIONEROS DE YARUMAL PRESENTES EN 4 CONTINENTES
Siento una gran admiración por los Misioneros de Yarumal. Comprendo mejor ahora lo que significa optar por la misión “de por vida”. Les envío, primero que todo, mi reconocimiento a esa gran labor misionera que ustedes realizan. Ya sé lo que significa estar lejos de la patria, insertos en otra cultura, manejando otro idioma, viviendo en situaciones de pobreza, de limitaciones económicas. Por esto mi admiración por ustedes.   Lo segundo es recordarles que la opción por la misión debe hacerse todos los días. Esta opción por la vida misionera como vocación específica, en el sentido estricto de la palabra “misión”, debe estar renovándose diariamente. Este es un servicio invaluable a la Iglesia. A los misioneros siempre nos queda la satisfacción de que muchas personas descubren su fe a través nuestro. Si esta opción y las motivaciones misioneras no se alimentan diariamente se corre el riesgo de poner en peligro la perseverancia e irse a buscar otras cosas. No dejen de alimentar la grandeza de su vocación misionera Ad gentes.
 Entrevistó Padre Omer Giraldo

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