LOS MISIONEROS JAVERIANOS DE YARUMAL INFORMAN
Que en la madrugada de hoy, jueves 9 de septiembre falleció a la edad de 94 años, en la clínica Medellín, de la ciudad de Medellín, monseñor HERIBERTO CORREA YEPES, mxy, obispo emérito de la diócesis de Buenaventura, Colombia. Monseñor Correa sufrió una caída el pasado viernes 27 de agosto en su residencia la Casa de Emaús de los Misioneros de Yarumal en Medellín. El 29 de septiembre fue intervenido quirúrgicamente debido a fractura de la cabeza del fémur. Dos días después de la operación la salud de monseñor comenzó a deteriorarse hasta entrar en estado de coma hasta su muerte esta madrugada.
Monseñor Heriberto nació el 16 de agosto de 1916 en el corregimiento de Cedeño, municipio de Yarumal, Antioquia. El año de 1928 ingresó al Seminario de Misiones de Yarumal, fundado por el obispo de la diócesis de Santa Rosa de Osos, Monseñor Miguel Ángel Builes el año anterior, donde cursó sus estudios secundarios y estudios sacerdotales hasta su ordenación sacerdotal el 12 de noviembre de 1938, en la segunda promoción de misioneros del Seminario de Misiones. Fue nombrado Prefecto Apostólico de Mitú el 11 de noviembre de 1953, ministerio que ejerció hasta diciembre de 1966 cuando fue elegido Superior General del Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal. En 1973 fue elegido para el episcopado por la Santa Sede y consagrado obispo por el cardenal Mons. Aníbal Muñoz Duque, para el Vicariato Apostólico de Buenaventura, donde ejerció durante cerca de 24 años, hasta el año de 14 de feb. 1997, cuando el Vicariato A. de Buenaventura fue erigido en diócesis. A partir de entonces vivió en la Residencia de Emaús de los Misioneros de Yarumal para misioneros ancianos y enfermos. Sus despojos mortales son velados a esta hora en la Capilla del Seminario de Misiones en Medellín: Cra. 81 No. 53A-01, Barrio Calasanz.
Las honras fúnebres se realizarán en la Catedral Metropolitana de Medellín a las 9 de la mañana de este viernes 10 de septiembre, presididas por el Señor Arzobispo de Medellín, Monseñor Ricardo Tobón y Monseñor Hector Epalza, obispo de Buenaventura.

MONSEÑOR HERIBERTO CORREA YEPES MXY.
Vicario Apostólico Emérito de Buenaventura.
Monseñor Heriberto Correa Yapes, nació en Cedeño, Corregimiento de Yarumal, Departamento de Antioquia, Diócesis de Santa Rosa de Osos el 6 de agosto de 1916, hijo legítimo de Pedro Correa Eusse y Teresa Yepes Uribe. Cursó los estudios de Primaria en la Escuela Urbana Cedeño.
Cuando apenas tenía 11 años de edad, ingresó al Seminario de Misiones Extranjeras de Yarumal el 11 de febrero de 1928 fundado por el Excelentísimo Señor Miguel Ángel Builes Obispo de Santa Rosa de Osos el tres de julio del año inmediatamente anterior; allí cursó los estudios de secundaria y recibió la formación religiosa, sacerdotal y misionera. Fue ordenado sacerdote por el Fundador del Seminario el 12 de noviembre de 1939 en la segunda promoción de los Misioneros de Yarumal.
Monseñor Heriberto ejerció su ministerio sacerdotal en diversos campos con fidelidad incondicional a la Promesa Jurada de Obediencia emitida el 3 de diciembre de 1933 a ejemplo de Cristo: “obediens usque ad mortem, mortem autem crucis.”
Esos campos fueron:
La Parroquia de Sabanalarga, en el Atlántico. La Curia Diocesana y el Seminario Conciliar de Barranquilla, como Notario y Profesor respectivamente. El Seminario de Misiones Extranjeras de Yarumal donde prestó los servicios de Profesor, Prefecto, Vicerrector, Ecónomo, Miembro del Consejo General y por fin Superior General del Imey. La Prefectura Apostólica de Mitú, primero como Secretario de la Curia y luego como Prefecto Apostólico durante trece años. Buenaventura, veintitrés años, en calidad de Vicario Apostólico, a donde fue enviado por Su Santidad el Papa Pablo VI en 1972. Y la Casa de Emaús donde hasta su muerte dio testimonio de sencillez, humildad y vida fraterna entre los ancianos y enfermos, sus hermanos misioneros javerianos de Yarumal.
El niño
Veneración profunda profesó Monseñor a sus padres, “primeros educadores de la fe”; a su maestro de escuela primaria Don Ernesto, Bernal; a los Presbíteros Alfonso Duque, Pedro Luis Osorio y Alfonso Restrepo, a quienes conoció, siendo él todavía un niño. Fueron ellos los que amasaron la arcilla virgen de su infancia y lo orientaron al servicio de Dios y de la Iglesia y le enseñaron, como Helí a Samuel, a escuchar y a decir, en el silencio de la noche: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” ¡Cómo los recordaba con afecto agradecido!
El seminarista
En el trascurso de los años de formación en el Seminario encontró en el Padre Fundador y en los Presbíteros Francisco Gallego Pérez, Aníbal Muñoz Duque y Alfonso Restrepo guías expertos, consejeros prudentes, confidentes fieles que le señalaron los caminos mejores para llegar a la opción de su vida: hacer la voluntad de Dios: “ut faciam, Deus, voluntatem tuam,” solía repetir, como buen latinista. Guardaba en su corazón, como perlas de rico valor, los testimonios de vida sacerdotal que encontró en ellos, testimonios que marcaron indeleblemente y lo estimularon en las grandes decisiones de su vida.
El sacerdote
Desde la primera carta de su archivo personal hasta la última se lee, unas veces con letras mayúsculas y otras entre líneas, cómo quiere vivir en la obediencia que juró practicar toda su vida en la primera profesión en 1933 después de un año de recogimiento, reflexión y oración en el Noviciado dirigido por el Padre Alfonso Restrepo.
El Prelado
Una nueva etapa en la misión encomendada a Monseñor Correa comienza el 11 de abril de 1953 cuando Su Santidad el Papa de Pío XII, por medio de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide lo nombra Prefecto Apostólico de Mitú. Durante trece años en la “tierra de selva y del raudal” a la que hermosamente cantó su antecesor, Monseñor Gerardo Valencia Cano, Monseñor Heriberto durante trece años recorrió sin interrupción todo el territorio de la Prefectura para dar a los misioneros, a los indígenas, a los cabucos y a los blancos el testimonio del amor de Dios. Días de navegación en canoa movida a remo, noches de hamaca en las malocas de los indígenas, el las mitasabas o en la selva, no lo arredraron. Transformó el Internado María Reina, creación de Monseñor Valencia, en La Normal del mismo nombre para las formación de los maestros para las diversas tribus y lenguas; creó nuevos internados, al estilo del de Mitú, a la vera de los ríos y los caños más apartados. Defendió con entereza al indígena, estimuló a los colonos, impulsó el apostolado de las misioneras seglares, se preocupó de que a ellas y a las Religiosas no les faltara la asistencia espiritual ni el consuelo de la Eucaristía. Se preocupo de que la Educción Contratada realizara plenamente los propósitos para los cuales fue instituida. Impulsó sin egoísmos, y con mucha lealtad, los proyectos y los planes de su antecesor. Sin alardear, sin buscar alabanzas pudo repetir, reconociendo sus limitaciones, el consejo del Evangelio. “Quod debuimus facere, fecimus”, hicimos lloque teníamos que hacer. Y cuando fue llamado a dirigir los destinos del Instituto, en su calidad de Superior General volvió a repetir su fiat: “Fiat voluntas tua”, Hágase tu voluntad”.
El Superior
“Hágase tu voluntad”.. Es la segunda vez que el Instituto le pide a Monseñor Correa, Prefecto Apostólico de Mitú, aceptar el cargo de Superior General, y si la primera vez entendió que debía continuar al lado de sus indígenas, cabucos, colonos y blancos, ahora a la luz de la fe, entiende que es voluntad de Dios y acepta. No es tarea fácil ni para él ni para nadie, pero a través del Capítulo General, la voluntad de Dios se manifiesta y entonces hace suyo el fiat de Nuestra Señora que a diario repite en el rezo del Ángelus: “Hágase en mí, según tu palabra”. Esta vez son seis años de servicio directo al Instituto, nacido del corazón misionero de Monseñor Miguel Ángel Builes
Fiel intérprete del espíritu misionero del Padre Fundador y sus primeros colaboradores amplió los horizontes del Instituto. Siguiendo instrucciones de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide abrió para los misioneros casas en Bolivia, Ecuador, Venezuela y Panamá dejó abierto el camino para la Misión Ad Gentes. Por mandato del Capítulo General llevó personalmente a Roma el texto de las Constituciones para el estudio previo a la aprobación definitiva
El Obispo
Terminado el sexenio de su gobierno del Instituto, al finalizar el año 1972, el Padre Heriberto Correa, convocó el Capítulo General que debía nombrar su sucesor, que resultó ser el Padre Antonio Bayter Abud, y se dispuso a descansar unos días para venir luego a ponerse a disposición de los nuevos superiores para ir donde tuvieran a bien enviarlo.
Estando en uso de sus vacaciones fue llamado de urgencia a la Nunciatura Apostólica donde le fue comunicada la decisión del Papa Pablo Sexto que lo había nombrado Obispo Titular de Casenere y Vicario Apostólico de Buenaventura. Esta vez debió ir con Cristo a Getsemaní para orar con Él al Padre: “Non mea voluntas, sed tua fiat”.
Desde el comienzo de su mandato, Monseñor Heriberto se dedica con gran tesón al fiel cumplimiento de sus deberes pastorales. A su llegada imprime el sello propio de su personalidad. Su objetivo principal es instruir, santificar y gobernar a los fieles que le han sido encomendados y llevar adelante los programas apostólicos, educativos y promociónales cultivados por tantos años en el Vicariato”.
Al llegar encontró siete parroquias. En su gobierno aumentó el número con las parroquias de La Inmaculada, Cristo Redentor, San Francisco y la Milagrosa. Acogió paternalmente a las Comunidades de las Hermanas Vicentinas, Terciarias Capuchinas, Hermanitas de la Anunciación y Misioneras de la Madre Laura y abrió espacios para el Cottolengo del Padre Alegre, las Hermanas Pequeños Apóstoles de la Redención en el Hogar de la Niña y las Siervas de la Iglesia en el Seminario y en la Casa Episcopal y a las Hermanas Misioneras del Espíritu Santo.
Por iniciativa suya vinieron también los Padres Misioneros Javerianos de Parma y los Padres Franciscanos de la Provincia de San Pablo. Con la colaboración de estos, de los Misioneros de Yarumal y los Sacerdotes incardinados al Vicariato se dieron nuevos impulsos a las diversas áreas de la pastoral en los que destacan: la Pastoral afro-americana de la que llegó a ser líde, la familia, los medios de comunicación social. Los mejores logros obtenidos están relacionados con los líderes cristianos comprometidos formados por los sacerdotes, por las religiosas y por sus colaboradores en los diferentes campos, y otros muchos que sería prolijo enumerar. Lo dejamos a los historiadores e investigadores mientras nosotros nos arrodillamos para bendecir al Señor de la vida y agradecerle el testimonio de fidelidad de este pastor, obispo, hermano nuestro a quien esperamos haya recibido como siervo fiel y prudente en al casa de su Señor.

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