Guerra en Costa de Marfil:
Testimonio de un Misionero de Yarumal
Andres Aguirre, mxy
Nunca nadie pensó que la crisis que vive Costa de Marfil pudiera llegar a un tal extremo. Hoy nos encontramos –considero- a un grado de una tragedia humanitaria. Desde hace cuatro meses hemos visto la degradación de la situación la cual no habría podido ser peor. Los enfrentamientos y los desplazamientos masivos que vivieron los habitantes de un sector de Abiyán, la capital económica, se han extendido a toda la ciudad. La ciudad se encuentra en estado máximo de emergencia.
Con la entrada en acción de las fuerzas militares francesas, se desencadeno un combate que parecía ser la etapa final de la guerra, sin embargo, lo único cierto es que todo es incierto. La ciudad, antes considerada como el “Paris de África”, hoy está destruida y sus habitantes, nacionales como extranjeros, sumidos a la miseria. Si, no hay otra palabra para describir la situación actual. Ni transporte, ni comercio, ni bancos, nada está funcionando.
Ahora no solo somos desplazados sino también prisioneros. Todas las fronteras (terrestres, marítimas y aéreas) están cerradas, y no contentos con esto, estamos obligados a permanecer en los domicilios a causa de la inseguridad y de un toque de queda que va desde el medio día hasta las seis de la mañana. Sólo en horas de la mañana es posible salir a buscar víveres, pero ¡vaya sorpresa! Los mercados están vacíos y los grandes almacenes saqueados, sólo quedan unas cuantas tiendas donde hay que hacer filas interminables para acceder a un poco de arroz que es prácticamente lo que queda. ¿No es esto la miseria? Pero esto no es todo. Los hospitales y los centros de salud están cerrados, no hay cartas de recarga para llamadas telefónicas, y lo peor; muchos sectores están privados de electricidad y/o de agua.
En resumen, somos una población sin libertad, sin educación, sin salud y con acceso deficiente a la alimentación y a la comunicación. Una población sin leyes y sin derechos. ¿Que nos queda? A algunos la vida, a otros nada porque hasta la vida les quitaron.
Estado actual de los Misioneros de Yarumal en Costa de Marfil
Nuestro equipo se compone de siete miembros, dos al norte y cinco al sur. Al norte están los padres Arnulfo Vargas y Oscar Escobar, ellos no han tenido ningún problema ya que esta región está fuera del perímetro del conflicto. En el sur: el neo presbítero Joel Aka, el padre Daniel Omen y el profeso Luis Eduardo Forero están en la casa del noviciado. Esta, aunque no muy lejos de la capital, es una población tranquila. El padre Javier Cardona y yo, profeso, Andrés Aguirre, estamos refugiados en la casa de las hermanas teresitas en un barrio de Abiyán (epicentro del conflicto). Aunque a nosotros nos ha tocado vivir más de cerca los últimos y los más violentos combates, nos encontramos “bien”. Tenemos que resaltar el espíritu de fraternidad que vivimos con las hermanas en estos momentos tan duros. Tal vez es este apoyo mutuo el que nos da fuerzas para resistir este vía crucis. Sin duda la experiencia de fe también ha sido muy fuerte, ya habrá un espacio para compartirla.
Intensifiquemos la oración para que nos restablezcan el servicio de agua, para que no nos quiten los medios de comunicación (esencial por el momento) y sobre todo para que esta calamidad llegue a su fin y sea restablecida la dignidad humana de quienes sufrimos la más alta violación de los derechos.
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