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¡NUESTRA PRIMERA MISIÓN!
Juventud Misionera Javeriana

 

El grupo juvenil “JUVENTUD MISIONERA JAVERIANA” tuvo la oportunidad de participar de su primera misión en el mes de diciembre del 2007, en la que llegamos a comprender y valorar más todo lo que nos rodea.

A continuación, algunos de nuestros testimonios: 

 

TESTIMONIOS:

 

Liseth Viviana Vélez Monsalve:

Cuando supe que iba de misión para Cristianía, y además que era un resguardo indígena, me asuste un poco porque imaginé que eran indios con cara pintada y con plumas en la cabeza, pero estaba contenta por otro lado, ya que siempre había querido tener una experiencia de misión y la vez sentí muchos nervios.

Al final llegó el momento y estaba un poco ansiosa, pero al llegar me di cuenta que no eran como me los imaginaba y además vestían normal tal cual como nosotros, los “caponías” como nos decían.

Hablaban un idioma diferente, el “embera chamí”, del cual aprendí algunas palabras, pero claro que también entendían el español, propio de nosotros.

Me sentí muy contenta ya que trabajamos con niños, que tanto me gustan y me encanta compartir con ellos. Durante la estadía en el resguardo indígena hicimos un censo sobre el cultivo de café y aprovechamos para visitarlos y conocer mas sobre ellos, aunque nos tocaban largas caminatas estuvimos muy contentos haciéndolo ya que la gente nos acogió muy bien y además nos regalaban algunas frutas de la región. En esas visitas conocí una anciana llamada María Sofía Baquiaza, me contó algo de su vida, me encariñé con ella y la seguí visitando hasta el último día de mi estadía en el resguardo.

También nos tocaba compartir la novena de aguinaldos con toda la comunidad en la capilla de la misma, en la emisora tuvimos un espacio para celebrar la novena y compartir la navidad en familia, claro que cuando nos tocó hablar por primera vez sentí muchos nervios ya que nunca había tenido una experiencia igual. En la noche celebrábamos la novena con los adultos y en la noche preparábamos todo lo del día siguiente.

Mi karma eran los sapos, pues les tengo mucha fobia y no podía evitar verlos ya que habían por todos lados e incluso llegué a tener un sapo en mi cuarto y hasta en mi cama.

La experiencia fue muy chévere y me encariñé mucho con la gente que nos acogió con amabilidad y sentimiento, pero en especial con María Sofía Baquiaza, claro que lastimosamente debía volver para Medellín, mi casa. Mi sueño es seguir trabajando y compartiendo con toda la comunidad de Cristianía, esa cultura tan linda.      

 

Natalia Restrepo Restrepo:

Antes de llegar me sentía algo ansiosa, tenía muchas ganas de vivir mi primera misión. Al principio tuvimos inconformidad, pues pensábamos que no iban a separar.

El primer día fue un poco agotador por el viaje y el trabajo con los niños, pero fue muy satisfactorio recibir la alegría que ellos nos transmitían con su presencia y además que estaban felices con nosotros.

Después de enterarme de la labor que íbamos a desempeñar, me sentí muy contenta al saber que podíamos conocer totalmente el resguardo gracias al censo que realizaríamos. Lo que menos me gustó fue el trabajo en la emisora ya que no me sentía totalmente capacitada para eso, pero con la ayuda de Dios lo logré.

Al pasar de los días me sentía mejor, pues las personas eran muy acogedoras, ya que el contacto que tuvimos con la gente nos ayudó a conocer más sobre su cultura y algo de su lengua.

Hubo algunos momentos que fueron difíciles en nuestra convivencia, en las cuales dudé en continuar la misión, pero el cariño que me brindaron las personas, me dio ánimos de seguir y quedarme.

De todos los trabajos aprendí mucho, en la emisora, aprendí a ser más espontánea y menos tímida. Con el censo aprendí de cada uno de los habitantes del resguardo y el trabajo con los niños me contagió de alegría, en fin, fue una grandiosa misión, de la cual cada detalle fue una gran experiencia para mi vida. Después de esto quiero y espero vivir momentos grandiosos como los que viví allí.

 

 

Luis Eduardo Ospina Muñoz:

En el momento que me enteré que iba de misión me sentí muy feliz y a la vez algo ansioso ya que era mi primera experiencia de misión, al llegar al resguardo indígena sentí el calor humano de toda la comunidad.

Cuando empezamos a trabajar y compartir con los niños fue algo satisfactorio al  sentir toda esa alegría que nos contagiaban con su presencia.

Allí realizamos un censo sobre la producción de café de la zona, en la cual disfrutamos de la compañía de los habitantes del resguardo y además conocimos más sobre su cultura y algunas palabras de su lengua natal.

Tuvimos un espacio en la emisora en la cual me sentí muy bien ya que no había tenido una experiencia igual y me encantó, al compartir la navidad, el sentir de la misma y el calor humano de la gente, por medio de ese espacio, fue algo muy chévere.

Luego al pasar de los días me sentía alegre pero triste a la vez por que se acercaba el momento de volver a Medellín y trataba de aprovechar el tiempo al máximo con todos ellos, me encariñé con la gente y estoy tan feliz que volvería a vivir la experiencia con la comunidad.

 

 

 

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