En Tailandia, hablar de Jesús con la Vida es un reto cuando nos faltan las palabras.
P. Marceliano Serrato H., mxy.
luisomot@yahoo.co 
La sociedad tailandesa es el resultado de siglos de intercambios culturales, sobre todo con China e India y de manera más reciente con el mundo occidental, por eso mismo la variedad y belleza de sus expresiones culturales y religiosas.
Tailandia cuenta con una población aproximada (según estadísticas del año 2006) de 65.068.149 millones de habitantes de los cuales el 94.6% es budista. Quiero sobresaltar que el país cuenta con unos 18.000 templos y 140.000 sacerdotes budistas.
Casi todos los hombres tailandeses que profesan este credo viven unos días, o incluso meses, en un Wat o Monasterio.
El resto de la población son musulmanes el 4.6%, el 0.7% cristianos y el 0.1% pertenece a otros grupos.
Con este preámbulo y con la alegría de este tiempo de Navidad me es grato poder compartir la experiencia de ¨silencio¨ en medio de esta cultura tailandesa, que se ha convertido para mi en una verdadera y rica vida espiritual, en la primera etapa de la misión (estudio y aprendizaje de la lengua) por parte de los Misioneros Javerianos de Yarumal en este país.
Después de dos semanas de haber llegado a Tailandia y de habernos ubicado en su contexto, comenzamos a estudiar la Lengua Tailandesa. Todas las mañanas en un carro de la misión de los PIME, misioneros italianos, con los cuales vivimos, salimos los estudiantes (dos psicólogos italianos, una religiosa canadiense, un sacerdote PIME, y los colombianos) rumbo a Bangkok, aproximadamente una hora de viaje dependiendo del trafico, dejamos el carro en la sede de la misión de los padres Jesuitas y allí en la capilla dedicamos nuestro primer momento para la oración, cada uno en su silencio como parte de la sacralidad oriental, es el primer momento de la revitalización, del encuentro con quien nos ha traído e impulsado a esta misión.
Después caminamos cada uno a la escuela, aproximadamente 20 minutos en medio de la gente que se moviliza para comenzar las labores diarias. Ya allí, 4 horas continúas de estudio, conversación, lectura, escritura y vocabulario, hacen parte del método de aprendizaje.
Dura experiencia diaria, es volver a nacer y ya imaginaran el dolor de nacer de nuevo después de 43 anos de vida, sonidos totalmente nuevos, diferentes de los aprendidos en nuestra niñez, caracteres nunca imaginados, de veras que es un reto para nosotros hacer presencia en el Continente por lo difícil de aprender las lenguas asiáticas.
Después del medio día regresamos a casa para tomar nuestro almuerzo, un poco de descanso y continuar personalmente el estudio. Ya en la noche, viene el encuentro con la comunidad cristiana, la celebración de la misa en Tai con un grupo pequeño de personas entre adultos, jóvenes y niños (abandonados o con problemas familiares, acogidos en casas especiales de la misión PIME).
Profundos silencios acompañan la celebración y más en el comienzo cuando no se entiende ni se pueden decir palabras.
Los fines de semana que no vamos a la escuela se han convertido en un momento sagrado de encuentro con la comunidad cristiana, la Eucaristía dominical es de los más bellos momentos que nos llenan de ánimo para seguir la jornada.
También quiero resaltar y valorar el compartir diario con los padres italianos, es una riqueza ya que nos enseñan con su larga trayectoria en estas tierras. La paciencia y su sencillez de vida son unas de sus más grandes características.
Es así como este tiempo vivido en medio del pueblo tailandés, ha sido de purificación, no solo para llegar a aprender la lengua, si no para llegar a apreciar los valores nuevos de otra cultura y de otra religión distinta a la nuestra y por ultimo, aprender a callar, a dejar que solo el silencio te nos de las explicaciones debidas.
Es por eso que creo, que la evangelización se hace no solo a través de las palabras si no con la vida y en el silencio. Silencio que nos permite contemplar un nuevo nacimiento, el nacimiento de Jesús en mi vida, en otra lengua y en otra cultura.
La constancia, el amor, la paciencia, la prudencia y el respeto, son valores cristianos que se conjugan también en medio de una sociedad budista y que hablan por si solos.
Hoy ya puedo escribir, hablar y entender un poco más, decir el nombre de Dios y de Jesús en lengua Tai, pero sinceramente he aprendido más a callar y a contemplar.
Feliz Navidad desde Tailandia.
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