SACERDOTES DIOCESANOS AD GENTES
Muchos sacerdotes han querido acompañarnos en la misión… y para ellos tenemos los brazos abiertos. Contáctanos a través del Padre Damian Chavarria (daelcha52@hotmail.com) o el correo sacerdotesasociados@yarumal.org
¿Cuales son las bases de nuestra propuesta?
Un testimonio
-“ Y ustedes, ¿qué hacen en Africa?.”
- Somos misioneros.
- “¿Misioneros? ¿de qué comunidad?”
- De ninguna, somos sacerdotes diocesanos de Jericó y estamos asociados a los Misioneros de Yarumal.
- Ah, ¡no sabía que también los diocesanos vienen a la misión!.
Fernando y yo, dos misioneros de la diócesis de Jericó, asociados a los Misioneros de Yarumal, tuvimos este diálogo con una señora, muy “católica” por cierto. Sus preguntas y su conclusión se quedaron resonando dentro de mí. Aquella pensaba todavía que la misión es cosa de algunos en la Iglesia, y en especial de los institutos y comunidades “misioneras”. Se me vino entonces toda la eclesiología y toda la idea del ministerio y luego, en otra ocasión, se la compartí. Ni se la imaginaba.
Somos diocesanos, estamos en misión en Kenya, entre los samburu, porque “ la Iglesia, también la nuestra de Jericó, es por naturaleza misionera”]. La Razón de la Iglesia es la evangelización de todos los hombres y mujeres. La Iglesia, toda Iglesia, es madre de todos, y sería madre desnaturalizada si no pensara en los hijos lejanos y ausentes. El Espíritu Santo que empujó al Hijo de Dios desde la Trinidad al seno de la Virgen y hasta la cruz es el mismo que sigue impulsando a la Iglesia a ir más allá, siempre más lejos. La Iglesia, cada Iglesia, muestra su autenticidad, muestra que tiene el Espíritu Santo, si está siempre de salida, atravesando fronteras, dilatando la Buena Noticia.
En nuestra Diócesis estamos empeñados en la nueva Evangelización y hay mucho por hacer. Muchos bautizados han olvidado su fe y las comunidades necesitan quien les predique. También nosotros necesitamos muchos sacerdotes, religiosas y religiosos, laicas y laicos comprometidos. Pero, en la economía con la que dispensamos los misterios de salvación, no seguimos la lógica capitalista del necio que amontona sin saber para quién, sino la de Jesús: “den y se les dará”. Sabemos, como nos lo ha dicho el Papa repetidas veces, que “la fe se fortalece dándola”y que la Nueva Evangelización no se logrará sin un decidido impulso por la misión Ad Gentes. Si la Iglesia no se da en el anuncio del Evangelio, no envía misioneros y misioneras, así cuente con pocos evangelizadores, se pierde toda ella, como se pierde un órgano que no se utiliza.
Nuestro Obispo nos envió a estos lugares remotos y lejanos, a Kenya, porque, como lo han de estar todos los obispos, según el Concilio Vaticano II, “está solícito por todas las Iglesias”, y “señaladamente por aquellas regiones del orbe terrestre en que todavía no ha sido anunciada la Palabra de Dios”. Un Obispo dedicado sólo a sus fieles y olvidado de los miles y miles de hombres y mujeres que no conocen a Jesucristo recortaría su ministerio de naturaleza universal y sin fronteras.
Antes de ser enviados a la misión, algunos nos decían, - “Que pesar que ya no los vamos a tener entre nosotros”,“No le van a poder dar su juventud y su fuerza a la Diócesis”, “Los vamos a perder, así sea temporalmente”.... Pasado un año experimentamos que nada de eso resultó cierto. Nunca nos habíamos sentido tan unidos con los nuestros, con el presbiterio, los monasterios y casas religiosas, los fieles todos. Nadie nos ha perdido y a nadie hemos perdido, los vínculos se han estrechado en el Espíritu. Le estamos dando la juventud y las fuerzas a la principal tarea de nuestra Iglesia, a la misión: estamos trabajando “dentro” de la Diócesis porque también los samburu son sus hijos e hijas. Y lo más importante: ante el reto de anunciar a Cristo todos han sentido un llamado a renovarse, y la Nueva Evangelización, nuestro proyecto diocesano, se ha fortalecido.
Nosotros, de Jericó, poco conocemos los caminos de la misión en el Africa y en el Asia. Pero hay quien los conoce, los Misioneros de Yarumal, y en comunión con ellos, en fraternidades misioneras, nos están ayudando a avanzar. Y no sólo ello, acogiéndonos como asociados, están propiciando que su carisma, el que el Espíritu concedió a Monseñor Builes, se participe a nuestra Iglesia. Es que los carismas, y menos este del primer anuncio entre los que no conocen a Jesucristo, no pertenecen a un individuo o a un grupo, sino que están destinados a todo el Pueblo de Dios. Eclesiológicamente hablando no hay institutos o comunidades misioneras, es la Iglesia toda la que es misionera, y los institutos o comunidades más que para ocuparse de la misión como su tarea, están para animar y retar la misión de la Iglesia toda.
Esto fue lo que hablé con la señora, que, además de católica se mostraba muy curiosa. Y esto es lo que quiero compartir con todos ustedes los que leen este artículo. Desde estos horizontes de la misión, del Africa, hemos divisado otros más y nos convencemos de que sí es cierto que “la misión está en sus comienzos”, que nuestra Iglesia de Jericó y todas las de Colombia y América Latina tienen mucho trabajo por estos lados y todavía más allá y que es urgente, que los Misioneros de Yarumal y otros institutos y comunidades que hemos visto trabajando por aquí son “expertos” en la misión y pueden darnos una mano para realizar nuestra vocación.
Estoy contento de no haber dicho a la señora teorías aprendidas. De haber podido mostrarle que siendo diocesanos estamos en misión; que el proyecto de asociados diocesanos a los institutos y comunidades está caminando; que los misioneros de Yarumal nos han hecho de puente, acogiéndonos en sus casas como hermanos, facilitándonos el aprendizaje de las lenguas, introduciéndonos en la cultura de los pueblos y tribus, para que toda nuestra Diócesis cumpla con este desafío del Señor. Después de largo diálogo ella misma me dijo: - Si las cosas son así, si la misión es la tarea principal de las Iglesias particulares, entonces, ¿por qué tan poquitos diocesanos por aquí?. Esta pregunta queda como desafío a todos los sacerdotes de las diócesis, y es una invitación a vivir el ministerio en dimensión misionera ad gentes, teniendo en cuenta lo que dice el Papa en la Redemptoris Missio: “Los sacerdotes no se ordenan para los límites de la propia diócesis, sino para la salvación del mundo entero”. Hermanos y amigos sacerdotes el reto de la misión ad gentes también es nuestro, bienvenidos.
Jairo A. Franco U. Misionero de Jericó, asociado al Imey